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martes, 10 de enero de 2012

Una fe antivitalista

Las batallas épicas de la época de las cruzadas no llegaron a su fin, simplemente, el mundo realmente no es consciente de que esas guerras de fe aún prosiguen en la actualidad.

La cultura occidental, en su mayoría cristiana, ha sufrido un gran progreso a lo largo de su historia, tanto por ofrecer la libertad de elección de su fe, como por la manera de impartir su doctrina. Pero, para otros, ha supuesto un retroceso. En la mayoría de países árabes  el acatamiento de esas leyes escritas en los libros sagrados se lleva al extremo. Su mala interpretación y tergiversación se ha convertido en una corrupción de las leyes más importantes de la humanidad, la preservación de la vida humana y la igualdad de todos los hombres.
En estos países tan religiosamente machistas, nacer mujer, es una mala broma del destino y una maldición. Desde que una niña tiene uso de consciencia está ligada a las normas de su padres y hermanos varones, y cuando se casa, a su marido. Tiene prohibido salir a ningún lado sin la compañía de una figura masculina, no es tan inteligente ni tan hábil como su sexo opuesto, está ligada a una cocina, al cuidado de una pareja y de sus hijos, no puede mostrar ninguna parte de su cuerpo, no puede conducir, y menos perder su castidad antes del matrimonio, y así prosigue una larga lista.
Muchos opinan que estos hechos son debido a la tergiversación de los textos sagrados, pero el destino de aquellas que rompen estas reglas se traduce en el país mas occidentalizado a una gran deshonra de tu nombre y de tu familia, mientras que en el resto, con castigos corporales crueles y dolorosos, o incluso la muerte.
Muchas de esas mujeres no conocen más que siempre les han contado y enseñado, la duda comenzaría en el que ocurriría si descubrieran como es la forma de pensar más allá de su frontera.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Ironía del presente

Nos creemos actuales, avanzados, modernos, contemporáneos, que nuestras ideas son totalmente acordes al presente.
No nos engañemos, que vistamos con ropa cada vez más atrevida no significa que nuestra mentalidad esté a ese mismo nivel.
La mayor prueba irrefutable que existe es la simple crítica que encontramos a la hora de hablar de un hombre y de una mujer. ¿Es diferente o igual? El hecho es que halagamos las formas de actuar masculinas, su gran capacidad de quedar con distintas féminas, su liberal estilo de relaciones. Pero no pensamos de la misma manera cuando se trata del sexo opuesto.
En pleno siglo XXI parece que las mismas acciones que realiza una mujer son de perdidas, inmaduras, bastas, barriobajeras, sin clase y más comúnmente, de putas... Nos cohíben a una vida de tradición reprimida y silenciosa por miedo a la enredada red de chismorreos, pretendiendo decir que todo ser humano es igual, pero, la verdad, es que el mundo aún no ha avanzado hasta el punto de ser igualitario socialmente.
Y la ironía es que seguimos desmintiendo esa verdad, para intentar pertenecer a esa ``moderna mentalidad´´.
La sociedad es quien decide que es lo que está bien visto, quien categoriza y valora tu reputación, y quien te censura cuando no cumples esas expectativas.
Y cuando el valor te hace pensar que no tienes por qué pertenecer a ese rebaño de ideas, que no te aporta nada, que te cohibe y limite tu forma de sentir, decides elegir.
Y la verdad, es que tu elección es lo que corresponde a lo mal visto. Una bohemia vida de noches, sin sentido de consecuencias, una libre y poco seria vida de relaciones, unas ideas revolucionarias y poco ortodoxas...
Pero, aún así, esa vida es la que te hace sentir libre, sin ataduras, y sobre todo, la que te hace sentir a ti misma.

Fotografía realizada por Lydia Natour